Yo creo que es bastante sabio preparar el terreno para cuando uno va a morir. Puede sonar muy, muy frío y sin sentimientos pero la verdad es que ahorra penas y tiempo a los deudos de uno que por obligación y con mucha pena tratan de descifrar nuestra última voluntad. Bueno, nadie tiene planeado cómo morir y en que momento, pero creo que conversarlo no le hace mal a nadie. Mi ejemplo es raro porque cuando mi mamá murió ella tenía todo listo. OK, estamos hablando de una persona que aunque no sabía si iba a vivir al otro día se proyectaba para vivirlo, se me ocurre que era una forma de decirle al mundo y reafirmarse a ella misma que sí, que iba a estar con nosotros un día más. Sin embargo, esta “técnica” falló en 1997 y ella nos dejó. No puedo explicar el dolor que se siente al perder a uno de los pilares de tu vida que no importa cómo seas o te comportes te apoyará incondicionalmente. En mi caso, el otro pilar no estaba ni está, pero creo que ése es otro tema.
Lo que quiero decir es que es bueno hablar de la muerte; guardando las proporciones y sin ponerse obsesivo, o pensar que la muerte se lleva todo lo malo de una persona y que es una solución casi perfecta que transforma a todos los muertos en buenos, como la gente generalmente cree, pienso que es una forma de evadir y quedarse con un buen recuerdo de quién falleció. A mí no me parece esa forma de lidiar con este asunto, pero cada persona asume sus penas, cuitas y dolores de distinta manera y para meterme en eso no tengo ganas, tiempo sí pero no ganas.
Cada acontecimiento fuerte en la vida de una persona puede desencadenar una serie de hechos entre los que puedo nombrar: la pena por los asuntos pendientes, esos que aún me pesan y que aprendí de golpe y porrazo. Bueno, a mí me hablaban del tema debido que mi mamá tenía mala salud y se enfermaba siempre. Todo el que escuchaba le decía a mi mamá que cómo podía hablarme de eso, que yo era tan sólo una niña y que no debía escuchar esos planes tan macabros. Mi mamá me decía: la muerte es parte de la vida, y por cliché que suene es verdad, no me refiero a que se obsesionen con el tema como dije antes, pero sí que uno sepa detalles que pueda entregar a los suyos en vida para que se ahorren una montaña de problemas, cómo saber que pasará con su cuerpo, si uno quiere estar en un cementerio o quiere que lo cremen. A mí me gustaría que me tiraran al mar por ejemplo y se lo he hecho saber a los míos-pocos pero míos- para que me hagan el último favor a mi cuerpo complaciendo eternamente a mi alma. Sé que suena feo y raro pero se vuelve útil en esa ocasión.
Se podría decir que no le temo a la muerte. Si, siempre crecí con su amenaza y por eso no debo temerle, pero me desconcierta de todas maneras porque es un estado distinto y desconocido. No me da miedo que mi cuerpo se vaya, sino que me da miedo que mi alma y que mi pequeña y breve persona sea olvidada por los que quiero, porque si me olvidan entonces todo habrá sido prácticamente NADA. No me importa cuánta gente vaya a despedirme, sólo me interesa que si van, vayan de corazón y pensando en mi viva, como lo estoy ahora y que no importa las circunstancias en las que me vaya recuerden más con mis defectos que con mis virtudes, también llena de música, charlas, juntazones y estupideces varias y que idealmente recuerden cuanto los quise y que si algo se quebró en el camino siempre les desee lo mejor. Punto final y The End
Lo que quiero decir es que es bueno hablar de la muerte; guardando las proporciones y sin ponerse obsesivo, o pensar que la muerte se lleva todo lo malo de una persona y que es una solución casi perfecta que transforma a todos los muertos en buenos, como la gente generalmente cree, pienso que es una forma de evadir y quedarse con un buen recuerdo de quién falleció. A mí no me parece esa forma de lidiar con este asunto, pero cada persona asume sus penas, cuitas y dolores de distinta manera y para meterme en eso no tengo ganas, tiempo sí pero no ganas.
Cada acontecimiento fuerte en la vida de una persona puede desencadenar una serie de hechos entre los que puedo nombrar: la pena por los asuntos pendientes, esos que aún me pesan y que aprendí de golpe y porrazo. Bueno, a mí me hablaban del tema debido que mi mamá tenía mala salud y se enfermaba siempre. Todo el que escuchaba le decía a mi mamá que cómo podía hablarme de eso, que yo era tan sólo una niña y que no debía escuchar esos planes tan macabros. Mi mamá me decía: la muerte es parte de la vida, y por cliché que suene es verdad, no me refiero a que se obsesionen con el tema como dije antes, pero sí que uno sepa detalles que pueda entregar a los suyos en vida para que se ahorren una montaña de problemas, cómo saber que pasará con su cuerpo, si uno quiere estar en un cementerio o quiere que lo cremen. A mí me gustaría que me tiraran al mar por ejemplo y se lo he hecho saber a los míos-pocos pero míos- para que me hagan el último favor a mi cuerpo complaciendo eternamente a mi alma. Sé que suena feo y raro pero se vuelve útil en esa ocasión.
Se podría decir que no le temo a la muerte. Si, siempre crecí con su amenaza y por eso no debo temerle, pero me desconcierta de todas maneras porque es un estado distinto y desconocido. No me da miedo que mi cuerpo se vaya, sino que me da miedo que mi alma y que mi pequeña y breve persona sea olvidada por los que quiero, porque si me olvidan entonces todo habrá sido prácticamente NADA. No me importa cuánta gente vaya a despedirme, sólo me interesa que si van, vayan de corazón y pensando en mi viva, como lo estoy ahora y que no importa las circunstancias en las que me vaya recuerden más con mis defectos que con mis virtudes, también llena de música, charlas, juntazones y estupideces varias y que idealmente recuerden cuanto los quise y que si algo se quebró en el camino siempre les desee lo mejor. Punto final y The End
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